El sueño en las personas mayores

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fuente: tu mayor amigo

El envejecimiento es un proceso biológico natural que afecta a todos los seres vivos, incluso al ser humano. A pesar de que numerosas líneas de investigación y de la industria intentan encontrar métodos para aplazarlo, ralentizarlo e incluso eliminarlo, todavía no hay resultados. En general, se acepta que el envejecimiento tiene su inicio alrededor de los 30 años, y es sobre los 60 cuando comienza el deterioro progresivo de las capacidades intelectuales, motoras, sensoriales, etc.

El envejecimiento no afecta por igual a todas las personas, sino que es un proceso que combina factores genéticos y ambientales. De hecho, se cree que la influencia genética es relativamente pequeña, mientras que los realmente importantes son los factores ambientales, que incluyen estilos de vida, tales como actividad constante, ejercicio físico, ingesta de alimentos, hábitos sociales, estrés, etc..

Experimentos animales han permitido observar cómo estos factores pueden retrasar o acelerar los cambios moleculares y funcionales del envejecimiento. Así, por ejemplo, la restricción calórica y el ejercicio aeróbico aminoran los efectos del envejecimiento en el sistema nervioso central y reducen los procesos neurodegenerativos.

El cerebro también se ve afectado por el envejecimiento, siendo uno de los órganos más importantes debido al incremento de las enfermedades neurodegenerativas que surgen con la edad. En el ámbito del cerebro se puede hablar de modificaciones macroscópicas, microscópicas y bioquímicas. Por ejemplo, el peso del cerebro desde los 30 años va disminuyendo y, por tanto, se reduce su volumen. Los expertos apuntan a una reducción en torno al 2% por década de vida.

El sueño -una función vital- se controla a nivel del sistema nervioso central, por lo que también podemos suponer que se ve afectado por el envejecimiento. Aunque los hechos parecen apuntar a que las necesidades de sueño del anciano disminuyen con la edad, eso no es cierto: lo que disminuye es la habilidad para quedarse dormido y lograr un sueño continuo, sin interrupciones.

Aproximadamente, un 50% de los ancianos se quejan de dificultades para lograr un sueño reparador. Es habitual que los mayores aumentan el tiempo que pasan en la cama, ya sea por que se sienten fatigados, como por aburrimiento, costumbre, por no tener otra cosa que hacer o en un intento de lograr dormir seguido y conseguir un sueño restaurador.

Los expertos sabemos que las necesidades de 7-8 horas de sueño de una persona mayor se distribuyen de forma diferente a lo largo de las 24 horas, de modo que duermen varias siestas diurnas y gastan menos tiempo en el sueño nocturno.

Lo que no está claro es por qué ocurre esto. Puede ser que sea debido a un proceso de cambio del ritmo circadiano endógeno, que produce una disminución del sueño nocturno y un aumento del diurno. Otra opción puede ser la consecuencia del impacto médico (mayor uso de fármacos en personas mayores), o factores psicosociales..

Lo cierto es que las personas mayores se quejan de dormir menos y de que el sueño no es restaurador. En general, aumentan los despertares a lo largo de la noche y son frecuentes las quejas por insomnio de inicio, mantenimiento y despertares tempranos.

Es importante entender qué puede estar causando el insomnio. Y es que las causas pueden deberse a factores diversos: desde la medicación, una enfermedad, dolor, incontinencia, condiciones ambientales o algún hecho puntual como una hospitalización, un cambio vital relevante (fallecimiento de alguien cercano, cambio de residencia, etc.).

Si el problema de sueño es persistente, es importante recurrir a especialistas en medicina del sueño para intentar establecer un correcto diagnostico y seleccionar el tratamiento indicado para cada caso. No siempre es necesario el uso de fármacos, en muchas ocasiones una sesiones de psicoeducación pueden ayudar a conseguir un sueño restaurador. Estas sesiones suelen incluir una revisión de hábitos de vida, higiene de sueño, factores que puedan generar ansiedad o evaluación del estado de ánimo, entre otras.

Es importante que las personas mayores entiendan que los problemas de sueño, el insomnio fundamentalmente, no son consecuencias del envejecimiento. Es más, no dormir en cantidad y calidad, no tener un sueño reparador, puede afectar a la calidad de vida, teniendo un impacto negativo sobre la salud física y mental.