Cambio de horario de verano a invierno

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El próximo sábado 28 de octubre tendrá lugar el cambio de horario de verano a invierno. Es decir, en la noche del sábado al domingo -cuando el reloj marque las 3:00 de la madrugada- tendremos que retroceder las manillas hasta las 2:00. Este cambio nos permitirá recuperar la hora de sueño robada en primavera. Por ello, los expertos consideramos que es un cambio más suave, porque el sueño extra siempre es positivo.

El beneficio más importante, sin embargo, es el económico. Los expertos estiman un ahorro de en torno a 300 millones de euros, unos 6 por hogar. Esto, junto a la reducción de contaminación por emisión de CO2 a la atmosfera, supone sin duda una ventaja.

Fue Benjamin Franklin quien en 1784 sugirió este método de ahorro de velas en primavera. Todo surgió al percatarse de que su consumo aumentaba a última hora de la tarde, mientras que por la mañana se dormía con luz solar.  Sin embargo, esta idea no se puso en práctica hasta la Primera Guerra Mundial, y en 1916 se estableció como ley en Alemania. Pronto la siguió el resto de Europa, aplicándose como norma general desde el año 1981.

Pero el cambio que va a ser más notable es que tendremos más luz a primera hora de la mañana. Es posible que la persona que madruga y se levanta de noche se asombre de que haya más claridad por la mañana. Sin embargo, a cambio oscurecerá antes, lo cual puede no satisfacer a todos.

La luz solar es la que regula el ritmo circadiano del sueño y su ausencia -información que el cerebro recibe a través de los ojos- activa la producción endógena de melatonina. Por ello, este cambio de hora puede tener algunas repercusiones sobre el sueño y, por tanto, sobre la salud.

Este cambio de hora siempre reabre el viejo debate en torno a si el ahorro energético compensa los posibles efectos sobre la salud y bienestar. Diversos estudios científicos , como New England Journal of Medicine, 2008  señalan un repunte de los infartos los lunes después del cambio horario de primavera, así como un descenso durante el cambio de otoño. Atribuyen la causa a la reducción de tiempo total de sueño, que puede favorecer la liberación de hormonas relacionadas con el estrés. En el Journal of Applied Psychology se publicó en 2009 un estudio sobre una profesión de producción con especial riesgo como es la minería. En él se expone que se produjo un incremento de los accidentes laborales durante la semana posterior al cambio de primavera. Este incremento era del 5,7% respecto a otro periodo idéntico, pero en otra fecha del año. Un dato que llama la atención es que, durante este periodo crítico en accidentes, los mineros habían dormido 40 minutos menos.

En el caso de las personas adultas sanas, este cambio horario tiene pocas repercusiones – y sin duda menos que el cambio de primavera-. Sin embargo, si queremos evitar o minimizar el impacto que tiene sobre el estado de ánimo, estas son algunas recomendaciones:

  • Modificar no sólo los horarios de sueño, sino los de las comidas y en general todas las rutinas
  • En niños y ancianos hacer una transición paulatina, cambiando de 10 a 15 minutos cada día evitando un cambio brusco
  • Seguir haciendo ejercicio físico y actividades, pero de forma más suave para facilitar la adaptación.
  • La exposición a la luz solar siempre es importante, pero más en los días posteriores. De esta forma la información y adaptación de los biorritmos será mejor.

Pero no hay que preocuparse, el “regalo” de una hora de sueño extra es una recompensa que puede ayudar a sobrellevar los pequeños desajustes que puedan surgir.